Jean-Luc Godard y Anne Karina en Paría

Jean-Luc Godard y Anna Karina en su casa en París

 

Hay parejas en las películas cuyas historias pulsan resortes escondidos, saltan de la pantalla y se instalan en la memoria del espectador para toda la vida. “Casablanca”, “Lo que el viento se llevó” proporcionan historias de amor cuyos personajes nos pueblan la casa desde la primera vez que las vemos. Algunas otras, en cambio, brotan entre los focos, detrás de la cámara, y aunque las películas beban de ellas son transparentes para nosotros. Hoy vamos a contar una paradigmática:

TALENTO Y PASIÓN: GASOLINA PARA UN FUEGO

 

Quienes los conocieron juntos aún no se ponen de acuerdo en qué clase de amor fue el de Jean-Luc Godard y Anna Karina, si les unió el talento o les unió el fuego. En lo que sí coinciden es en que fueron una pareja de cine: el cine los unió y el cine los separó.

Jean-Luc Godard vio a Anna Karina en un anuncio en los años cincuenta y aún no se ha olvidado de ella. Le ofreció un papel en su primera película, Al final de la escapada, en la que tenía que desnudarse, y Anna lo rechazó; Godard acabó eliminando el personaje pero no pudo borrar a Anna de su cabeza. Su película había iniciado una revolución en el lenguaje cinematográfico y Godard, mundialmente reconocido, volvió a ofrecerle un papel, esta vez protagonista, para su siguiente película El pequeño soldado. En esta ocasión Anna aceptó, e hizo venir a su madre desde Dinamarca para la firma del contrato, pues ella era menor.

 

Anna Karina-Jean-Luc Godard y Jean Paul Belmondo

Jean Paul Belmondo, Anna Karina y Jean-Luc Godard en el set de rodaje

 

La llama
Para Anna fue un amor a segunda vista. “Podía ver cómo Jean-Luc me miraba durante todo el día mientras rodábamos, yo también lo miraba a él, no podíamos quitarnos los ojos de encima. Estábamos electrizados. Éramos como animales”, cuenta Anna Karina. “Un día, estando yo con mi novio de entonces, almorzando los tres, Jean-Luc me deslizó una nota por debajo de la mesa en la que me proponía una cita en otra ciudad. Y se fue. Mi novio rompió a llorar, y lo abandoné. Al cabo de los días acudí a la cita y allí estaba Jean-Luc, solo, leyendo el periódico. Al despertar por la mañana se había marchado. Volvió al poco tiempo con un vestido blanco con flores, el que llevaría yo en la película que estábamos rodando. Al terminarla nos fuimos a París, y Jean-Luc me preguntó: ¿qué vas a hacer ahora? Pues ahora tengo que quedarme contigo, le contesté, porque no tengo a nadie más en el mundo”.

 

Anna Karina y Jean-Luc Godard

“Durante el rodaje no podíamos dejar de mirarnos. Éramos como animales”

 

Jean-Luc y Anna se casaron en 1961 y comenzaron una relación tormentosa plagada de rupturas y reconciliaciones. Fundieron el cine con su vida, rodando películas con guiones que contaban historias vividas por ambos. El talento de los dos crecía y crecía durante los años que estuvieron juntos. Filmaron películas que hoy son parte de la historia del cine. Anna se convirtió en poco tiempo en la actriz más importante de la Nouvelle vague francesa.

El fuego
Pero resultaron ser incompatibles. Cuando estaban juntos sus vidas oscilaban entre el cielo y el infierno. Godard vivía obsesionado con su trabajo, películas, películas, películas, pero la belleza de Anna y su electricidad lo cegaban. Y aparecieron los celos. Ella le demandaba la atención y el afecto que le habían faltado de niña. Sin embargo Jean-Luc bajaba a por tabaco y volvía a las tres semanas. Visitaba a Faulkner, a Rossellini, aparecía por la revista Cahiers du cinéma y se ocupaba reinventando el cine. En una época en la que todavía no existían los contestadores telefónicos Anna esperaba sin noticias a su marido. Y cuando se veían su mundo era un fuego. El paraíso y el destierro bullendo en la misma sangre.

La ceniza
Anna quedó embarazada y durante una de las ausencias de Jean-Luc perdió el bebé que esperaba. Se hundió en la depresión durante el resto del tiempo que siguieron juntos, a pesar de lo cual continuaron mezclando sus vidas y el cine. Sus películas fueron cada vez más ácidas y sus personajes desengañados y con un poso de amargura, pero sus talentos no mermaban.
Las desavenencias desde entonces serían la norma, sin visitas ya al paraíso y, poco después de terminar el tormentoso rodaje de Pierrot el loco, se separaron para siempre. No volvieron a rodar más películas. Jamás hablaron el uno del otro. “Anna actuaba a la manera de las actrices del cine mudo, con todo el cuerpo. No era sutil sino física y visceral”, acabó diciendo de ella Jean-Luc.

 

Anna Karina

Anna

 

El tandem Anna Karina / Jean-Luc Godard duraría siete películas. Las más admiradas siguen siendo Vivre sa vie (1962), Bande à part (1964), Lemmy contra Alphaville (1965) y Pierrot le fou (1965). Después de finalizar esta última se divorciaron, aunque en 1966 trabajarían juntos en una película más, Made in USA.

Es curioso cómo el presente interpreta con facilidad el pasado, como si los hechos que suceden obedecieran a una lógica escrita en el futuro; tal vez por eso nos equivocamos tanto al relatar las biografías. La verdadera historia de Jean-Luc Godard y Anna Karina solo la conocen ellos. Lo que sí es cierto es que durante el tiempo que estuvieron juntos Jean-Luc y Anne fueron una luminaria que aún luce en la pantalla. No podemos olvidar que cada vez que vemos a Anne proyectada contra la sábana blanca, Jean-Luc estaba a cinco pasos de ella detrás de la cámara.

 

Plano de Pierrot el loco

Plano de Pierrot el loco. La ceniza.

 

 


 

 

JEAN-LUC GODARD

 

Jean-Luc Godard

Jean-Luc Godard

 

Nació en París en 1930. A los veinte años descubrió su pasión por el cine y se convirtió en crítico, escribiendo sobre todo en la revista Cahiers du cinéma, donde coincidió con François Truffaut, Éric Rohmer, Claude Chabrol y Jacques Rivette. Tras rodar durante los años cincuenta algunos cortometrajes, en 1959 abordó su primer largometraje, Al final de la escapada, en el que le ofreció un papel a Anna Karina que esta rechazó por no desnudarse. La película fue un revolución cinematográfica, con planos que saltaban de uno a otro sin hilazón, como en un documental, secuencias rodadas cámara en mano, etc. Comenzaron entonces los premios y la influencia internacional de su nuevo estilo con películas como El pequeño soldado, durante cuyo rodaje se casó con Anna, Banda aparte, Pierrot el loco, Alphaville.

Tras separarse de Anna volvió a casarse con Anne Wiazemski, nieta del novelista Françoise Mauriac, una anarquista con la que de nuevo mezcló el cine y el amor, y con la que comenzó una etapa de cine político y revolucionario entrocado en los ideales del Mayo del 68 francés. Dirigió un documental sobre la vida en los sesenta y sobre la composición de los Rolling Stones de su canción Sympathy for the Devil. Ha seguido rodando intermitentemente hasta los primeros años de este siglo..

Ha seguido rodando cine hasta los primeros años de este siglo.


ANNA KARINA

 

Anna Karina de Frank Horvat

Anna Karina en uno de sus primeros trabajos como modelo de fotografía. (Frank Horvat)

 

Anna Karina nació en Dinamarca en 1940. Tuvo una infancia difícil. Su padre abandonó el domicilio familiar y Anna se crió de pequeña con sus abuelos. Comenzó cantando y siendo modelo y actriz publicitaria. En 1959 protagonizó el cortometraje Pingin Oy Skoenne, que ganó el premio en el Festival de Cannes. Decidida a desaparecer de casa, se marchó a París en autostop y sin dinero, donde malvivió durante poco tiempo, pues su extraordinaria fotogenia le hizo conocer pronto a Coco Chanel, que la aconsejaría como modelo y cambiaría su verdadero nombre (Hanne Karin) por el de Anna Karina. En un anuncio publicitario la descubrió Jean-Luc Godard que en aquel tiempo era sólo un crítico de Cahiers du Cinéma.

 

Anna Karina como modelo

Anna Karina como modelo

 

Godard le ofreció un papel en su primera película, Al final de la escapada (1959), que rechazó. Sin embargo, Godard, ya famoso, le volvió a ofrecer el papel principal en Le petit soldat (1960). Entre ellos surgió entonces un apasionado romance y contrajeron matrimonio en 1961. Ese año consiguió el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Berlín por su interpretación de Ángela en Una mujer es una mujer (1961).

Una de sus mejores interpretaciones fue en el film de Jacques Rivette, La religiosa (1965). Trabajaría también en El extranjero (1967) de Visconti.

En 1973, hizo su debut en la dirección con Vivir juntos, película que también protagonizaría. Asimismo escribiría y protagonizaría en 1987 La última canción. Y más recientemente la pudimos ver en Alto, bajo, frágil (1995) de Jacques Rivette y en la película de Jonathan Demme, La verdad sobre Charlie (2002).

 

Anna Karina y Anthony Quinn

Anna con Anthony Quinn

 

Ha sido cantante, directora y productora, y ha escrito cuatro novelas, pero siempre será recordada por los años en los que trabajó junto a Godard. Su talento como actriz, entregada a la experimentación y al cine, su desbordante personalidad y su encanto sin artificios ha permanecido en el tiempo. Anna Karina siempre será Marianne en el vestido rojo, Odille bailando, y Nana llorando viendo Juana de Arco.

 


 

 

VIVRE SA VIE

 

La cartelera española es a menudo una sábana en blanco. Sin embargo, hace pocos años sucedió un hecho incomprensible: la reposición de Vivre sa vie (Vive su vida) en las salas españolas. Como resulta fácil recuperarla en DVD, comentamos hoy aquella maravillosa reposición.

 

Sinopsis

Vivre sa vie es el retrato de una prostituta parisina enamorada del cine. Cuenta la evolución de una joven que acaba ejerciendo la prostitución, de una forma natural, sin dramatismo, simplemente impulsada por el estilo de vida impuesto en la sociedad del dinero. Su vida se irá decidiendo en la calle y en los cafés, en el lugar de trabajo o en las habitaciones de hotel.

(secuencia de “El retrato ovalado”, de Vivre sa vie)

 

 

La película

Con la interpretación como tema y la vida como referencia, Godard y Anna Karina se embarcan en una catarata de sentimientos, un drama documental que toma el pretexto de la prostitución para colocar al espectador ante sí mismo y a la actriz Anna Karina, desnuda de todo artificio, ante la interpretación pura y dura, ante su vida como actriz y como persona. Sin excusas, sin sensiblerías, evitando subrayados, Godard expone la historia sin darle importancia, dando un efecto de normalidad a una situación normal socialmente, aunque trascendental para su protagonista. La sensación de cotidianidad se ve reforzada con el lenguaje visual. Los encuadres informales, la iluminación natural, los escenarios reales dan al espectador una presencia física dentro del film.

 

Anna Karina en el set de rodaje de Vivre sa vie

Anna Karina en el set de rodaje de Vivre sa vie

 

La repercusión

La película tuvo un relativo éxito de crítica y de taquilla, ganó el premio especial del jurado y el premio Passinetti en Venecia, y es, además, la única obra propia que Godard tuvo la osadía de incluir en su lista de las diez mejores películas del año, lo que prueba, cuando menos, que quedó satisfecho.

La opinión de Godard

En 1962, Godard decía de la película: “Hubo una especie de inconsciencia general cuando realizábamos el film. Anna no fue la única en dar lo mejor de sí misma. Coutard logró su mejor fotografía. Lo que me admira cuando vuelvo a ver la película es que parece la más trabajada de las que he rodado, cuando en realidad no fue así. Utilicé un material en bruto, como guijarros que coloqué uno al lado de otro, y ese material se fue organizando solo. Me doy cuenta ahora de que tengo la costumbre de fijarme en el color de las cosas, aún cuando el film sea en blanco y negro. En este no fue así. Lo que era negro era negro, y lo que era blanco era blanco. Y la gente filmó con la ropa que usaba normalmente, salvo Anna, a quien le compramos una falda y un jersey”.

“Creo que es falso decir que cuanto más se mira a alguien menos se le conoce. Cuando miramos una pared durante diez horas seguidas acabamos por plantearnos una serie de cuestiones sobre la pared, aunque sólo se trate de una pared. Es también por eso que el film es una sucesión de esbozos: hay que dejar a la gente vivir su vida y no mirarlos demasiado porque, de lo contrario, acabaremos por no comprender nada”..

 

(Secuencia del baile)

 

 

Eduardo Fdez-Martos Machado
Director.
donmiguel@latorredemontaigne.com

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