EL ARTE CONTEMPORÁNEO Y LA BELLEZA

Jeff Koons

Balloon dog. Jeff Koons.

Una aproximación a las controvertidas relaciones -fluctuantes, y a menudo disonantes- entre el Arte Contemporáneo y nuestra idea clásica de la belleza, o dicho de otro modo: cómo diferenciar una papelera de una obra de arte.

En “La última noche de Boris Grushenko” un sargento conmina al personaje de Woody Allen a limpiar el comedor y las letrinas. “Sí, señor”, responde, “¿Y cómo los distinguiré?”. Es el desasosegado ánimo con el que se recorre a veces alguna exposición de Arte Contemporáneo, dudando entre la propia obra y el mobiliario del lugar, ávidos por encontrar la tarjeta con el título del trabajo y una posible explicación; o por no encontrarla y confirmar que, efectivamente, se trata de la papelera. Una experiencia que, igual que salir de un cine, nos deja transformados un cierto tiempo.  Devueltos a la calle, casi podemos apreciar arte tropezando con el bordillo de la acera, ver dibujos en el gastado asfalto, o reflejos de luz psicodélica en cada escaparate.

Performance de Carolee Schneemann

Performance de Carolee Scheemann. 1975

“Beauty is in the eye of the beholder”, la belleza está en los ojos del que mira, y es curioso como en Occidente el concepto de belleza clásica difiere del Oriental, donde agradecen la sencillez de las formas y cultivan un aprecio por lo efímero y fugaz. Se deleitan, estoy seguro, con el rascar del rastrillo alisando las piedras de un jardín japonés (Murakami descubrió su vocación de escritor en el sonido del golpeo de un bate de beisbol).  Son más elementales, dicho sin intención de ofender. No parecen perseguir una trascendencia al uso occidental. El objeto o hecho estético se agota en sí mismo. La carencia de una tradición judeo-cristiana tiene que influir de alguna manera.

La idea de eternidad, de intemporalidad, de reversibilidad de la creación -los valores que convierten a una obra en clásica- junto con el deseo de inmortalidad del autor, son el fundamento de la educación y el gusto occidentales, certifica, sin embargo, el estudioso de la cultura europea, George Steiner.

Cómo explicar entonces lo ocurrido con nuestro arte contemporáneo, cuando en muchas ocasiones cuesta reconocerlo porque ha cambiado incluso el modo de presentación. El orinal de Duchamp, collages con deshechos, happenings de autodestrucción, música atonal… El interés por lo feo.

Karla Black - Obra

Obra de Karla Black.

El tarantantán al concepto clásico de belleza ha sido determinante. El arte hasta la fecha no contribuyó a evitar la hecatombe de las dos guerras mundiales. Qué sentido tenía ese esfuerzo artístico, qué justificaba ese modelo de belleza, ante tanta desolación. Se pensó que ya no servía. Estaba agotado.

La revolución industrial con la llegada de nuevos materiales y técnicas. La asimilación del artesano con el artista. Incluso los inicios de la aviación tuvieron sus consecuencias: Le Corbusier andaba entusiasmado con las hélices, como paradigma de la belleza funcional.

Y la muerte, banalizada en nuestra cultura reciente, tabú, que provoca el arrastre de la idea de inmortalidad, asunto clave del hecho creativo (contrasta con el ejemplo japonés que puede verse, quizá, en la película “Departures”).

 

Roger Scruton

Roger Scruton. Filósofo especializado en Estética.

Roger Scruton, filósofo especializado en Estética, tiene un libro bellísimo (inevitablemente) “Beauty”, en el que entiende que la falta de belleza en el arte contemporáneo se debe a la pérdida del hábito del sacrificio; que lo califica como eje de las virtudes, germen de significado y auténtico argumento de las Bellas Artes. Establece, además, una conexión del sacrificio con el amor, evidente tanto en el arte como en la religión. A través de su muerte redentora el héroe trágico nos enseña que su vida ha merecido la pena. Se convierte en un objeto de contemplación. Despierta nuestra admiración. Algo en lo que también ha pensado el español Javier Gomá en su “Tetralogía de la ejemplaridad”.

Las tragedias clásicas acostumbran a hacernos soportables nuestras tragedias cotidianas. Es una educación. En Homero los héroes primero comen y duermen, y después lloran a sus compañeros caídos. Reaccionan de un modo real.

Scruton recuerda que Platón y Kant también relacionaban el sentimiento de belleza con la religión, pues el ser humano hecho al vivir humilde, lleno de imperfecciones, aspira a una unión más alta con lo trascendente por pura lógica emocional, el sufrimiento se hace noble y el amor compensa.

La desacralización del arte contemporáneo resulta palmaria para el filósofo inglés. En presencia de lo sagrado (la muerte, sin duda) nuestras vidas son juzgadas, si lo destruimos, ejemplo claro del postmodernismo, evitamos posibles acusaciones. Lo llama cultura sin amor, temerosa de la belleza. La desacralización, dice, refugia al adulto de las cargas de su propia cultura.

 

Obra de Gema Rupérez

Fundas esperando los cuerpos. Gema Rupérez.

A la hora de determinar si existe belleza es ineludible el juicio estético, que va a evidenciar distinciones entre las personas, gusto, refinamiento. Scruton, sin pestañear escribe que no todos somos igual de interesantes, ni de admirables, o capaces de entender el mundo en el que vivimos. A partir de Duchamp existe un relativismo cultural, nada es mejor que nada, todo puede ser arte, no hay gusto bueno o malo. Y entonces el autor de “Beauty” cuenta la anécdota de la única vez que vieron reír a Mao Ze Dong, presenciando la caída mortal de una equilibrista, como ejemplo -no en el arte, en el humor- de mal gusto.

Hacia el final del libro hay una crítica durísima al Kitsch, cuando en 1939 se anunció que la pintura figurativa había muerto (sus asesinos el cine y la fotografía), y que cualquier intento por continuarla sería Kitsch: un arte vacío de contenido, sin mensaje propio, de efectos copiados y emociones simuladas. El Kitsch, dice Scruton, es una degradación del arte, una profanación de los valores más altos. Recrea un mundo sin corazón lleno de estereotipos azucarados. El hombre convertido en un muñeco.

Las conclusiones son que la búsqueda inexorable de la innovación artística conduce a un culto por el nihilismo, en dos vertientes: una, el Kitsch y sus sueños azucarados; otra, el postmodernismo y sus salvajes fantasías. El remedio, que ambas corrientes niegan, volver al sacrificio.

Steiner también se pregunta si la desacralización, el ateísmo, puede producir un arte de envergadura, y le preocupa, además, que la estridencia de la sociabilidad comunicativa impida al artista escuchar lo más profundo: “Estamos cada vez menos entrenados para escuchar el ser. Condición previa esencial para lo creativo”.

Yves Saint Laurent

Yves Saint Laurent (1936 – 2008). Gran conocedor y coleccionista de arte.

Hace poco leí unas declaraciones de Yves Saint Laurent. El modisto francés comentaba que la belleza no le interesaba, lo importante era la seducción, una manera de vivir. Pero yo creo que sigue hablando de belleza, sin pronunciar la palabra (no debe ser productiva). El cotizadísimo Jeff Koons en una entrevista a un semanario se despacha con que la cualidad trascendente del arte desde la prehistoria es la celebración de la Humanidad y el disfrute del placer. Sin duda otro tipo de trascendencia. También dice que si una voluntad externa interviene en la creación estaríamos hablando de diseño, publicitario o de cualquier tipo. Koons parece escuchar la estridencia de Steiner de maravilla.

Es posible, como se estudia en Filosofía del Arte, que tarde o temprano todo llegue a parecernos bello. Juzgando el pasado con ojos del presente las miserias en Dickens nos resultan pintorescas. Pero se agradecería, de cuando en cuando, que en las exposiciones actuales -además de epatarnos con ciertos sentimientos, despertarnos a nuevas realidades y ayudarnos a entender el mundo que nos rodea- incorporasen esa intención eterna e intemporal de los valores clásicos occidentales.

Se ha hecho célebre en poco tiempo la teoría de las ventanas rotas: cuidar el ámbito urbano, limpiar las pintadas del metro, ayuda a reducir, o a evitar, actos de vandalismo. Creo que tiene cierta lógica. Como no abandonarse. La función de la belleza podría también ser esa.

Valga la reflexión.

Urinal de Duchamp.

Urinal de Duchamp
Juan García-Peñuela
Abogado
juangp@gmail.com

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Eduardo Fdez-Martos Machado

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