LEILA AMAT

Amor en 366 días

Hoy día son comunes los proyectos 365, es decir, una fotografía por día a lo largo de un año. Al permitir la fotografía digital realizar un sin fin de imágenes, los proyectos 365 son una buena práctica para adentrarse en esta disciplina y conocer a fondo la herramienta con la que vamos a trabajar, para así convertirla en una parte más de nosotros. En este artículo no hablaremos de un fotógrafo neófito sino de una fotógrafa con una trayectoria brillante y con un trabajo reconocido en diversas galerías: Leila Amat.

¿QUIÉN ES LEILA AMAT?

“Apenas sé, señora, lo que soy en este momento. Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces”

Esta es la frase con la que Leila se siente más identificada, ya que a día de hoy, Amat ha tenido varios cambios y actualmente se describe como una persona cansada, con mucho estrés pero “con el estrés del bueno”.

“Me están sucediendo muchas cosas bonitas y lo único que puedo hacer es acariciarlas, recibirlas con mi más sentido y sincero agradecimiento”

Nació hija de las grietas, estudió filología hispánica, siente obsesión por la fotografía, no ha sentido el amor hasta los 24 años y le fascinan los tomates y los aguacates.

Leila Amat, por Mónica Quintana.

INICIOS EN LA FOTOGRAFÍA

En un principio, Leila estaba encaminada a los idiomas y a la literatura, pero una depresión marcó un antes y un después en su vida. A partir de entonces decidió emprender el camino de la fotografía sumándose a la corriente de fotógrafos autodidactas enamorados de su arte, que hasta 2011 sólo formó parte de sus aficiones.

Leila Amat, por Roberto Rivas.

ESTILO FOTOGRÁFICO

“Me gusta decir que me dedico a la fotografía construida” con cierto aire poético. La palabra construir es la que mejor define el procedimiento de su trabajo. Sus fotografías son obras con mucha premeditación y trabajo previo, muy alejadas de la caza de fotografías fortuitas.

La inspiración que la nutre viene de su propia vida, sus amores y pesares, sus experiencias y el arte, desde la literatura o la música hasta el trabajo de otros compañeros.

“Imagino una foto en mi mente y hago todo lo posible por pasarla a un plano visual, para hacerla visible a todo el mundo. Me gusta que mi trabajo tenga una base conceptual y poética potente”.

INTENCIONES COMO FOTÓGRAFA

La intencionalidad de Amat con respecto a la fotografía es triple:

Por un lado, la fotografía forma parte de una purga, la terapia de su vida. Al hacer fotografías, Leila se siente plena y llena de felicidad, “…con la fotografía y el amor, mi vida está colmada”, nos cuenta Leila.

Por otro lado, Leila se siente muy orgullosa de que su trabajo sirva a otras personas para explicar o interpretar la realidad. Que el público empatice con su trabajo hasta hacerlo suyo es su objetivo. Cuando lo logra, siente que esa fotografía queda cerrada y completa.

Por último, siente que como artista le ha tocado una misión increíble: “la de intentar aportar belleza al mundo, desde su lado más grotesco al menos amable. La belleza tiene muchas facetas, pero todas brillan, todas iluminan los tiempos que corren”.

EL PROYECTO 366 DE LEILA

En este año 2016, Leila ha querido dar comienzo a un proyecto, no con la fotografía digital actual sino con una Leica M6 analógica, heredada junto con tres objetivos de su tío Jorge Camacho, pintor surrealista, último pintor vivo del círculo de André Bretón. Para Leila, usar esta cámara para su proyecto es un homenaje a lo que fue, a lo que nos ha dejado.

“Durante tres años me dio mucho respeto tocarla, no ya por su valor, sino porque no es una cámara fácil de usar. Pero las cámaras están para usarlas. Y eso es lo que estoy haciendo, usarla me supone un reto a la metodología de trabajo (técnicamente hablando) que he seguido siempre”

Las fotografías que nos muestra Leila no tienen edición alguna, lo que obliga al fotógrafo a ser más exigente a la hora de disparar.

Pero lo que más destaca de este proyecto es su temática, una fotografía por cada día del año… de Guille, su marido, su siamés de mente como ella lo describe. Para Leila, Guille es, junto a su familia más cercana, la persona más importante de su vida; le dio aliento para seguir adelante en los más crudos momentos de su vida.

Los que conocen a Leila y a Guille pueden apreciar el dulzor de cada palabra que se sale de sus gargantas, las miradas acompañadas de un suspiro cada vez que uno habla del otro y las miradas (con alguna lagrima de orgullo y emoción) que sus ojos reflejan ante el éxito de ambos. Si tuviera que ejemplificar el amor, sin duda alguna haría referencia a Leila y Guille.

“Me gusta cómo somos juntos, junto a él me siento mejor persona”

Como anécdota, Leila nos cuenta que “hace trampas”, ya que el proyecto consiste en hacer una fotografía diaria, pero en ocasiones Amat viaja a ferias de arte, viaja con su familia a Sevilla o a lo mejor es Guille quien, por motivos de trabajo, no está disponible. Esto requiere de Leila hacer varias fotografías en un día, para cubrir los agujeros. En otras ocasiones, cuando los imprevistos se adueñan de la situación, realiza fotografías con objetos que le recuerdan a él: pantalones, notas del puño y letra de Guille, calzoncillos.

Como último secreto, Leila nos cuenta que pronto comenzará a manipular (o trolear como le gusta a ella decir) los negativos, enterrarlos durante un año para ver los efectos de la naturaleza en ellos, quemarlos un poco y descubrir qué efectos causa el calor en las sales de plata, arañarlos, congelarlos, etc.

Como epílogo a este artículo me gustaría volver al título, “Amor en 366 días”, y preguntar a todos algo que ya me pregunté una vez: ¿se puede fotografiar el amor?

África Villén
Directora sección de fotografía
fotografia@latorredemontaigne.com
África García Villén

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