Juan Soler - Escultura

JUAN SOLER



Juan Soler es escultor, uno de esos insólitos creadores que integran el centro de gravedad en el arte, y que moldeando arcilla, cera, barro o bronce levantan de la tierra apariencias humanas más reales que nosotros. O juntan o enhebran placas o masas de materiales con sus propiedades físicas estiradas que parecen tocar con un dedo el mundo inmaterial y hablar un idioma animado que nunca sabíamos que podíamos comprender.

Pero Juan Soler no sólo esculpe, también pinta y escribe. Es, como dice Manuel Cerezales en su artículo, un vestigio del Renacimiento. Mostramos aquí una pequeña selección de sus obras.

Para acercarse a Juan Soler, es mejor saber que nos enfrentamos a un hombre cincelado a sí mismo con la energía moral y física de los artistas del renacimiento. Alquimista romántico (estudió la carrera de Químicas) y artista en el sentido riguroso que la facultad de Bellas Artes de Granada le acredita.
Sus prodigiosas y disciplinadas manos dibujan, pintan, esculpen y arreglan cualquier mecanismo y fabrican desde un horno donde fundir bronce a una escultura de mujer que nos hace soñar en francés o italiano. La Torre de Montaigne ha visitado el taller de Juan. Allí cuadros, esculturas, diseños de joyas y de telas, retablos de iglesia y un sin fin de creaciones de todo tipo de arte han desfilado ante nuestros asombrados ojos. Sus obras se venden en París, Madrid, Londres y sus escenografías para teatro han recorrido medio mundo. Es en París donde las obras de Juan Soler tienen un reconocimiento especial, y en donde el artista pasa temporadas que le estimulan la creación y le sirven para distanciarse y adquirir nuevas perspectivas y horizontes en su labor creativa.
París, Granada, Nápoles, Lima son ciudades que siempre llevará en su maletín de pintor. Allí le han querido, y le han visto incansable, aprovechar cada minuto del día para llenar de conocimiento una vida dedicada exclusivamente al Arte, y al Amor, un amor que a más de una mujer ha dejado con una lágrima en el ojo y una sonrisa en el alma.
Los cuadros de Juan nos transmiten la tranquilidad de estar frente a una obra bien hecha. La calidad de sus pigmentaciones, sus composiciones donde lo figurativo deja apenas una huella para integrarse en lo abstracto, nos redimen con la idea de que aún la pintura tiene un sentido en sí misma.
Lo mismo pasa con sus esculturas, la intervención directa del artista en todos los procesos de la fundición, imprimen ese carácter al bronce que se mantiene a través de los siglos no sólo por su condición de metal sino por la atávica expresión de sus formas y pátinas.
En sus exposiciones el artista mezcla escultura, pintura, fotografía e instalaciones que nos dan una visión global de su personal interpretación del mundo y las formas.
Nos encontramos pues, no sólo ante un excelente artista sino también ante un maestro fundidor que trabaja el bronce y prácticamente cualquier material.
Dejemos que sus obras hablen por sí mismas.

Manuel Cerezales Laforet

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Eduardo Fdez-Martos Machado

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Soy Eduardo Fdez-Martos Machado, director de La Torre de Montaigne.

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